domingo, 11 de febrero de 2007

Taller de arte

En una tarde de enero varios niños estaban en un taller de arte.

Entre ellos estaba luchito, un niño de 11 años, inquieto como cualquier otro con una chispa genial y con una gran imaginación. Su vida desde muy pequeño ha estado enmarcada en la imposibilidad de caminar por sus propios medios. Sus piernas están sujetas por aparatos para mantenerlas firmes y extendidas para que pueda caminar.
Para jugar, varios se turnaban para llevarlo en los brazos y correr con él así también podía participar con los demás.

Mientras estaban haciendo sus trabajos sentados todos en el suelo, alguien dice…

¡Juguemos al cambio de nombres!...

¡Ya! - Saltaron varios…
Yo soy la tía bibi!… grita una…
Yo el tío carlitos! …. grita otro...

Y tu luchito… ¿quien eres?
¡Yo soy el tío bubu!
Jajaja ya po! – le dije -

Eeeeh!!... ¡Ahora voy a poder correr!

Me desarmo...

Cuantas veces nos hemos de achacar por cuanto problema tenemos, por los problemas que nos entrega la cotidianidad y la rutina, por cosas que creemos son imposibles.

Cuantas veces por pensar las cosas dos veces nos complicamos más la vida.

Cuantas veces nos hemos compadecido por no tener lo que queremos

Cuantas veces escuche que hay que valorar lo que uno tiene…

Creí que lo sabía…

Luchito me hizo sentir todo lo contrario…

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